Campo de trabajo y JMJ

Club Abedul2º ESO, 3º ESO, 4º ESO, Actividades, Bachillerato

La actividad estrella de este verano del Club Abedul ha sido, sin duda, el viaje de final de julio a Eslovenia y después el encuentro tan esperado con el Papa en Cracovia.

Con el autobús hasta los topes de ilusión y maletas nos pusimos en marcha hacia Litija (Eslovenia). Hicimos distintos voluntariados: residencias de ancianos, juegos con los niños del lugar, limpieza de la biblioteca, ordenar la ropa de un “armario social” y recoger, ordenar y limpiar el trastero del museo. También dio tiempo para hacer vivitas culturales y fuimos a la capital: Liubliana, en dos ocasiones. En el pueblo en que nos alojamos pudimos tener los medios de formación y la Santa Misa en la parroquia que muy amablemente nos cedieron esos días. Antes de irnos, el capellán nos repartió unos chocolates típicos de allí y un colgante de una cruz o una paloma para cada una. Un gran detalle que nos endulzó la amargura de la despedida.

La llegada a Cracovia fue toda una aventura. Nos alojamos en un campamento con tiendas de campaña cedidas y montadas por los militares, en un campo cerca del santuario de San JuanPablo II. Llegamos por la tarde-noche, cuando apenas había luz natural. Tuvimos la suerte de que ese día no había llovido y subimos la cuesta de tierra más o menos sin dificultad; antes de entrar al camping nos revisaron las maletas etc. (seguridad no faltó en ningún momento). Unas compañeras de Madrid que habían llegado antes nos enseñaron en la oscuridad el camino hasta nuestras tiendas. En seguida repartimos las “habitaciones” y nos acostamos. A la mañana siguiente dábamos comienzo a tres días de autentica heroicidad.

A pesar del hambre, de la falta de higiene, del frio de la noche y del calor durante el día, de la lluvia y del barro nos lo pasamos increíblemente bien. Pudimos estar cerca del Papa y escuchar todo lo que dijo. Conocimos gente de muchísimos países distintos; intercambiamos recuerdos y cantamos con cualquier grupo que encontrábamos por las calles abarrotadas de jóvenes alegres y despreocupados que invadieron Cracovia en esos tres días de fiesta. Las dificultades no pudieron con nosotras, y ante el cansancio siempre había alguien que entonaba una canción animante, o una mano amiga que pasaba algunas chuches para compartir, o una bolsa para protegerte del barro… Hemos aprendido a disfrutar de lo que se tiene, a dejar de pensar en uno mismo y ayudar al de enfrente. En estos días no se oyó ni una sola queja, solo risas y canciones. Desde luego este viaje nos ha aportado muchísimas cosas. Regresamos a Madrid cansadas pero felices. El Papa cuenta con nosotras para cambiar el mundo, la JMJ empieza ahora.